En verano, con la puerta abierta para que entre el aire, también entran moscas y otros insectos. Una cortina antimoscas colgada en la puerta es una solución sencilla, que deja pasar la brisa y se puede quitar cuando ya no hace falta. No requiere obra ni herramientas complicadas. Con un poco de atención, se puede colgar en poco tiempo y disfrutar de una casa más fresca y tranquila durante todo el verano.
Elegir, medir y colgar
Existen cortinas de tiras de plástico o de tela, de cuentas, de cuerdas y de malla fina. Elige un modelo de un material que resista el uso diario y que se pueda lavar con facilidad. Las cortinas de tiras sueltas dejan pasar a las personas sin necesidad de usar las manos, mientras que las de malla cierran mejor el paso de los insectos, pero exigen abrirlas con el brazo.
Mide el ancho y la altura de la puerta antes de elegir. La cortina debe cubrir todo el hueco y llegar casi hasta el suelo, sin arrastrar. Puedes instalarla con una barra de tensión, con ganchos, con una guía o con un riel fijado al marco. Comprueba que el soporte aguanta el peso y que queda recto, usando un nivel, antes de colgar las tiras.
Para la limpieza, pásale de vez en cuando un paño húmedo con un poco de jabón neutro, sobre todo en la parte baja, donde se acumulan más suciedad y polvo. Si es de tela, se puede lavar a mano o en la lavadora, siguiendo la etiqueta. Déjala secar totalmente antes de volver a colgarla, para evitar el moho y los malos olores.
Cuando termine el verano, descuelga la cortina, límpiala, sécala bien y guárdala doblada o enrollada en un lugar seco. Revisa las tiras o los hilos y sustituye lo que esté roto. Si tienes niños o mascotas, comprueba que nada quede a su alcance y que la cortina no se enganche en el marco. Así estará lista para el próximo verano, sin sorpresas.